domingo 18 de diciembre de 2011

Un lugar que acerca a lo eterno

Qué dificil es en las junglas urbanas en las que vivimos encontrar lugares que nos acerquen a lo eterno, a lo sagrado. Esa función que tan fácilmente cumple la naturaleza y que en mi caso no cumple ningún templo religioso.
Para mí no hay templo más divino y sagrado, más cerca de lo eterno y lo Bueno que la naturaleza. Y de eso estamos muy lejos en la gran mayoría de las ciudades.

Berlín tiene para mí magia, porque es urbe, fue cuna de la gran industria, pero el punto final que puso la guerra la convirtió de golpe en un lugar salvaje, casi natural. Después de eso horrible punto final vino el silencio. Vinieron matos y árboles a ocupar el lugar donde antes había casa y fábricas, desaparecieron los tumultos y las urgencias, desapareció la gente. De a poco fue llegando otro silencio, el de la reflexión.

Con el paso de los años la ciudad fue volviendo a ser ciudad, incluso volvió a ser una capital. Pero aún así no pierde la memoria de su punto final, de su regreso al cero inicial.
Los matorrales se transformaron en parques, la prepotencia se aprendió a sobrellevar. El silencio, ese valor tan preciado de los alemanes, aún en esta vieja-nueva capital, no es difícil de encontrar.

Pero además de la naturaleza por suerte muy presente en esta ciudad, hay lugares que acercan a lo sagrado, a lo sin tiempo. Lugares que fueron algo que ya no son, como el edificio de la Friedrichwerdesche Kirche, una de las muchas iglesias que tuvo y perdió Berlín. 
La Friedrichwerdersche Kirche fue una Iglesia pero ya no lo es. Su construcción es de 1831 y fue la primera neogótica de la ciudad. Hoy es un museo gratuito de escultura y dedicado también a la obra de Friedrich Schinkel, su arquitecto y el arquitecto más importante de la Berlín del siglo XIX... y de siempre.

Si es un día soleado resalta aún más la belleza de este lugar, generando la sensación de estar en un paréntesis, un espacio sin tiempo. 
Al entrar a la Friedrichwerdersche Kirche siento que se paran los relojes, lo que no significa que se pierda la memoria. Por el contrario, todo lo que este lugar es y ya no es tiene que ver con la historia. Es un lugar con pasado, pero sin presente ni futuro. O más bien, un lugar donde se funden los tres tiempos en uno. 

Ahí adentro siento lo eterno de la vida, pero sin solemnidad ni tragicidad, tampoco es una sensación estéril, sino un estremecimiento agradable y cálido. Como si todos mis sentidos de repente percibieran lo Bello de una manera clara y simple.

Aquí algunas fotos. En el enlace de abajo, se pueden ver más.




Álbum: Un lugar más cerca de lo eterno. November 2011

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